Los bloqueos son infames y criminales: Valderrama

El panorama pandémico colombiano, de protestas, violencia, pobreza, muertes, desapariciones, desanimo y confusión no es nada fácil y menos en una sociedad fracturada.

Sin embargo, el curtido líder sindical con más de 50 años en esas sensibles bregas, Mario de J. Valderrama (foto), también exdirigente político, no le sacó el cuerpo a dar su apreciación a Panoramapolitico.co por Nacho y por el contrario le dio la cara a la actual severa problemática y crisis, y consideró que la protesta es un derecho humano, pero que los bloqueos son criminales, que no hay paro sino vandalismo y que en Colombia no hay una insurrección, pero es muy doloroso los 21 millones de pobres que el mismo Estado reconoce con sus estadísticas del Dane.

En su actividad política, Mario de J. Valderrama fue secretario General del Concejo de Medellín, concejal de la ciudad, diputado a la Asamblea de Antioquia, representante a la Cámara. Fue Secretario de Servicios Administrativos del Municipio de Medellín, asesor para la seguridad social y el empleo del Gobierno de Álvaro Uribe.

Y como sindicalista fue presidente de la Utran (Unión de trabajadores de Antioquia), presidente de la UTC (Unión de Trabajadores de Colombia), presidente de la Ctdc (Confederación de Trabajadores Democráticos de Colombia), presidente de la CGT (Confederación General del Trabajo) y delegado por Colombia ante la Organización Internacional del Trabajo, OIT, en Ginebra, Suiza.

Comencemos en medio de un país que está bien caliente. ¿Cómo analiza en su calidad de dirigente sindicalista durante más de 50 años la violencia de la protesta social y por la reacción de las fuerzas del Estado?

La protesta, más que un derecho constitucional y legal, es un derecho humano. Cuando la sociedad considera vulnerados algunos o la totalidad de sus derechos, está obligada a protestar.

Pero una cosa es la protesta legítima y otra muy distinta las vías de hecho, es decir, la violencia ejercida contra las personas, sus bienes o contra los bienes del Estado, que son de todos y se construyen con el aporte de la sociedad.

¿Cómo eran las protestas o movilizaciones de hace 30 o 40 años en Colombia?

Tan difíciles como las de hoy, pero se debe diferenciar entre las movilizaciones callejeras (marchas) y un paro general. Lo que hay hoy no es un paro. El paro en el estricto sentido de la palabra se da cuando los medios de producción se detienen y se cierran fábricas, oficinas, almacenes y en general todos los centros de trabajo.

Por ello la violencia que se ejerce, tratando de parar el aparato productivo, es vandalismo pero no paro. Vale la pena recordar las masivas manifestaciones y marchas en el gobierno de César Gaviria. Las principales ciudades marcharon masivamente en contra del neoliberalismo y la imposición de la privatización de la mayoría de las empresas del Estado. Se lograron muchas cosas, pero no todas las que se esperaban. Ni un vidrio roto, ni un carro quemado, ni un daño a la propiedad privada o del Estado. ¿Entiendes ahora la diferencia?

Pero ahora aparece la modalidad de los bloqueos, ¿Cómo los interpreta?

Los bloqueos son infames, pues no distinguen entre una ambulancia que lleva un enfermo a urgencias, ni el carro transportador de alimentos y medicamentos, ni tampoco los vehículos que transportan a los ciudadanos a destinos como el trabajo, su hogar o a quien va en busca de alimentos para los suyos.

No dudo en afirmar que los bloqueos son criminales.

¿Pero estamos hablando de una gran mayoría protestando o se trata de minorías?

Son minoría. Aceptemos en gracia de discusión que a las marchas y concentraciones han salido un millón de ciudadanos, la pregunta sería, ¿y los otros 45 millones que? Pues la respuesta es sencilla, están en los centros de producción, están en el diario batallar de su trabajo callejero, para llevar el magro sustento a sus hogares. ¿Entonces a quién debe garantizar sus derechos el estado?

¿Son muy justas las actuales reclamaciones sociales y económicas en el país?

Claro que son justas y el Estado debe buscar por todos los medios, satisfacer las necesidades básicas del pueblo. Es por ello que se impone el diálogo y no las medidas de fuerza.

El bien común está por encima de las apetencias políticas.

¿Y a todas estas qué tal el gobierno de Iván Duque?

Muy regular tirando a malo. La sensación del ciudadano de las calles es que la nave del Estado va a la deriva. No hay un timonel que enderece el rumbo. El jefe de Gobierno no puede mostrar debilidad y muy por el contrario se espera su mano firme y su voz resuelta a enfrentar las vicisitudes de la patria.

¿Hay un ataque contra la institucionalización, hay insurrección, están buscando tumbar a Duque o desestabilizar el modelo de Estado en Colombia?

No, no hay insurrección, si así fuera, el Estado y sus estructuras están en capacidad de responder. Allí es cuando debe aparecer la mano firme del conductor de la patria.

¿Pero un modelo de Estado que el mismo reconoce que hay 21 Millones de pobres en Colombia, eso es una bomba de tiempo?

Eso es lo más doloroso, pues pasar de la pobreza a la miseria sólo hay un paso.

Cabe allí preguntar al mundo político, ¿cómo nos pueden explicar que un hombre que se gana 350.000 pesos al mes dizque ya no es pobre? Eso es cerrar los ojos ante nuestra dura realidad y tratar de apagar el fuego con gasolina.

Una sociedad así es inviable y fácil de caer en la tentación que traen los cantos de sirena y que buscan un nuevo Estado, sin que se pueda explicar hacia dónde nos conduce. La arcadia soñada no existe, y solo saldremos de nuestra eterna tragedia, cuando unos y otros entendamos que sólo la justicia social es el camino. No olvidemos que la paz es el dulce fruto de la justicia”.

Comparte
1 Comment
  • Maria Oliva Avendaño Flórez
    Posted at 16:38h, 11 mayo Responder

    Excelente Análisis y bien acertado a la situación actual del país. 👏🏼

Post A Comment