Rodolfo Correa

Colombia nativa en IA: la apuesta del Gobierno y la ruta para hacerla realidad

Rodolfo Correa – Abogado. Profesor Universitario

En Colombia todas las innovaciones han llegado tarde. Jamás hemos aprovechado la tecnología para potenciar nuestras ventajas y nuestro complejo de “país del tercer mundo” nos ha mantenido postrados en el escenario de la competitividad global.

No obstante, las revoluciones, incluyendo las industriales, le dan a todo el mundo, o al menos a casi todo el mundo, una ventaja: la posibilidad de comenzar la carrera por hacerse un lugar en las nuevas realidades desde un punto más igual en la grilla de partida, pues la inmensa mayoría de países están en igual condición: en cero.

Hoy, esta nueva revolución generada por la Inteligencia Artificial, no es la excepción. El mundo comienza una nueva carrera y solo quienes decidan competir podrán obtener beneficio de ello y dejar atrás la ruina del subdesarrollo.

Por eso acierta el presidente De la Espriella al proponer una Colombia nativa en IA y al poner al frente de ese propósito a un hombre capaz de convertir sueños en realidades: David Vélez. Colombia no necesitaba otra comisión dedicada a describir el futuro, sino alguien capaz de construirlo.

Pero un país no se vuelve nativo en inteligencia artificial por instalar chatbots o digitalizar formularios. Lo será cuando sus estudiantes aprendan mejor, sus empresas produzcan más y el Estado sirva mejor. Todo lo demás será digitalización decorativa.

El primer desafío es educativo. Según PISA 2025, el 56 % de los estudiantes colombianos usa semanalmente chatbots para aprender, frente al 46 % de la OCDE; pero apenas el 29 % alcanza el nivel mínimo en matemáticas. La paradoja es brutal: usamos IA sin desarrollar más inteligencia.

Un estudiante que entrega mejores tareas, pero comprende menos, no ha sido aumentado por la IA: ha aprendido a tercerizar su pensamiento. La apuesta debe formar docentes y enseñar a contrastar, argumentar y decidir. La IA debe ampliar la capacidad humana, no reemplazar el esfuerzo de aprender.

El segundo desafío está en la empresa. Una Colombia nativa en IA no puede dividirse entre grandes compañías automatizadas y pequeñas empresas condenadas a competir con papel, Excel y jornadas interminables. Las PYMES necesitan herramientas para vender más, reducir costos y conquistar mercados. Repartir cursos o capacitaciones sin transformar procesos es entregar diplomas sin productividad.

El tercer desafío es el Estado. Colombia no necesita ponerle inteligencia artificial a la burocracia; necesita utilizarla para dejar de producir burocracia. Automatizar un trámite absurdo solo consigue que el absurdo viaje más rápido. Primero deben eliminarse procedimientos inútiles e integrarse los datos en los ámbitos legislativo, judicial y administrativo.

El objetivo no debe ser un Estado automatizado, sino aumentado: más pequeño en trámites, más grande en capacidades y más cercano en resultados. David Vélez conoce el valor de simplificar, medir, escalar y poner al usuario en el centro. Esa disciplina puede lograr más que décadas de diagnósticos archivados.

La apuesta exige convocar universidades, empresarios, docentes, juristas, ingenieros, servidores públicos y centros de investigación. No para crear otra mesa de conversación, sino para asumir misiones, cronogramas y resultados medibles.

El presidente De la Espriella puso la ambición sobre la mesa y David Vélez puede aportar método y capacidad de ejecución. Colombia no será nativa en IA cuando utilice más aplicaciones, sino cuando aprenda mejor, produzca más y gobierne mejor. Ese será el momento en que la promesa se convierta en país.

¿O no?

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