25 Jun Cómo un NN antipolítico gana la Presidencia en menos de un año: 10 preguntas sobre la victoria de Abelardo de la Espriella
El pasado 21 de junio de 2026, Abelardo de la Espriella ganó la presidencia de Colombia. Hace ocho meses nadie lo conocía más allá de algunos casos judiciales ruidosos. No tenía partido, no tenía experiencia en cargos públicos, no tenía el respaldo de Álvaro Uribe — el mayor elector de la derecha colombiana del siglo XXI —, y tenía un pasado como abogado de clientes incómodos. Y ganó. Estas son las 10 preguntas que explican cómo lo hizo.
Para ello consultamos y escuchamos a varios analistas y estrategas y en estos 10 puntos intentaremos explicar cómo se dio este tremendo e impactante logro político por la vía electoral:
1. ¿Qué necesitaba Colombia para que un desconocido ganara?
Tres condiciones que se acumularon durante años. La primera es estructural: Colombia lleva más de una década de hastío acumulado con la política tradicional. Los escándalos de Odebrecht, la polarización uribe-santista y cuatro años del gobierno Petro que prometió un cambio radical y entregó corrupción, crisis de salud e incertidumbre económica crearon un electorado crónicamente insatisfecho que busca rupturas, no continuidades. La segunda es económica y cotidiana: la inflación, la percepción de inseguridad y el deterioro del sistema de salud no son estadísticas sino experiencias que la gente siente en el bolsillo y en el cuerpo. Cuando la política no resuelve lo concreto, el electorado castiga y busca lo opuesto. La tercera es demográfica: Colombia tiene hoy 41 millones de habilitados para votar, la mitad menores de 35 años, que crecieron con redes sociales y que construyen opinión política de manera radicalmente distinta a las generaciones anteriores. Esa generación no heredó lealtades partidistas y es más susceptible a candidatos que hablan su idioma digital. Las tres condiciones juntas crearon el terreno perfecto para que un desconocido prosperara.
2. ¿Cómo se posiciona alguien que no tiene historia política?
Paradójicamente, no tener historia política fue la mayor ventaja de Abelardo. En política, la hoja en blanco es poder cuando el electorado está harto de quienes escribieron demasiado. La campaña lo entendió desde el principio, ya que no construyó un candidato político sino una marca. Un abogado de provincia que triunfó por mérito propio, que vivía bien en Italia y volvió por amor a la patria, que tiene familia y fe y no disimula ninguna de las dos. Esa identidad — construida con escuchas digitales desde 2020 según su estratega Carlos Suárez — no era inventada, era la amplificación de lo que Abelardo ya era. La regla en el marketing político moderno es no modelar al candidato sino sacar lo mejor de lo que el candidato ya tiene. Lo mismo hizo Nayib Bukele en El Salvador cuando llegó con una hoja en blanco que la gente llenó con sus propias esperanzas.
3. ¿Por qué funcionó la estrategia del outsider en Colombia en 2026?
Porque el outsider no es un arquetipo nuevo, sino que es una respuesta a un momento específico. Funciona cuando el electorado está lo suficientemente frustrado con el sistema como para apostar por alguien que no forma parte de él, pero no tan desesperado como para votar por cualquiera. En ese punto de equilibrio, el candidato externo al sistema tiene la ventaja estructural de que todo lo que el establecimiento le critique como debilidad — no tener experiencia, no tener partido, no tener alianzas — el electorado lo lee como virtud. El libreto tiene ingredientes que se repiten independientemente del país o el momento: rechazo explícito a los de siempre, identidad personal fuerte construida fuera de la política, lenguaje de amenaza existencial que convierte la elección en una batalla entre el bien y el mal, y una narrativa de sacrificio personal que justifica por qué alguien que lo tiene todo decide arriesgarlo por la patria. Colombia en 2026 reunía exactamente las condiciones para que esos cuatro ingredientes prendieran.
4. ¿Qué papel jugaron las emociones frente a las propuestas?
Un papel total. La campaña de Abelardo no vendió propuestas sino emociones, y lo hizo con método. Su estratega Carlos Suárez parte de una premisa que repite en sus cursos: ‘No gana el que dice la verdad, gana el que cuenta mejor la historia’. Las emociones que movilizó fueron en secuencia, pues primero impulsó la venganza contra el petrismo, luego la firmeza, luego el miedo al comunismo, y finalmente la esperanza de un país milagro. Esa secuencia emocional estuvo calibrada para cada etapa de la campaña. Las propuestas vinieron después, como accesorios que reforzaban emociones ya instaladas. Iván Cepeda hizo exactamente lo contrario al guardar su programa de gobierno como secreto durante meses y cuando lo publicó — diez días antes de la segunda vuelta — ya era demasiado tarde.
5. ¿Cómo ganó sin plata y sin medios?
La campaña de Abelardo registró apenas cinco millones de pesos en pauta de Meta, mientras Paloma Valencia metió más de mil trescientos millones y Cepeda sobre los mil doscientos. El secreto no fue la plata sino el algoritmo, porque cultivo una red de cuentas afines — influencers, activistas digitales, cuentas anónimas — que generó tal volumen de contenido orgánico que el algoritmo de las plataformas amplificó a Abelardo sin necesidad de pagar. El fenómeno se llama efecto de omnipresencia, aunque no lo siguieras, te salía Abelardo. A eso se sumó que la campaña entendió que los medios tradicionales ya no son la puerta de entrada a la opinión pública sino una etapa secundaria. Primero construyó su audiencia en redes, y cuando la prensa fue a buscarlo ya era candidato con base propia. Rodolfo Hernández hizo algo similar en 2022. Antes que él, Donald Trump en 2016 demostró que Twitter podía reemplazar a los medios como plataforma de construcción política.
6. ¿Qué quería Colombia que Cepeda no le ofreció?
Tres cosas concretas. Primero, un mensaje para las clases medias urbanas donde Cepeda perdió entre estratos 3 y 4 tres puntos respecto a Petro en 2022, y estuvo nueve puntos por debajo de Abelardo entre estratos 2 y 3. Las clases medias que en 2022 creyeron en el cambio estaban asustadas por cuatro años de incertidumbre económica, reforma de salud y corrupción. Cepeda no les habló directamente. Segundo, orden y seguridad, lo que afectó a Cepeda, quien construyó su carrera como negociador de paz con grupos armados y nunca despejó las dudas sobre su posición frente a la seguridad, solo separó explícitamente la política de seguridad de la política de paz diez días antes de la segunda vuelta. Tercero, claridad económica ante una crisis fiscal creciente, donde Cepeda mantuvo un manto de opacidad sobre Ecopetrol, el Banco de la República y el futuro de la reforma pensional. El empresariado terminó votando por Abelardo pensando en su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo.
7. ¿Cuáles son los precedentes mundiales y colombianos más parecidos?
En Colombia, la victoria más cercana en términos de construcción es la de Álvaro Uribe en 2002, un candidato que rompe con el establishment de su propio bloque ideológico, construye su base desde cero y gana en primera vuelta contra todos los pronósticos. La diferencia es que Uribe tenía una larga carrera pública y Abelardo llegó sin ningún cargo. Rodolfo Hernández en Colombia 2022 es otra referencia cercana, un empresario sin partido que creció exclusivamente en redes y llegó a segunda vuelta. En América Latina, el caso más parecido es Nayib Bukele en El Salvador, un joven, desconocido en el establishment nacional, construido desde las redes, con una imagen fuerte y un mensaje anticasta que ganó aplastantemente en 2019. Además, el ascenso de Javier Milei en Argentina — de economista televisivo a presidente en menos de dos años — es quizás el caso más extremo de construcción política desde la nada en el siglo XXI.
8. ¿Por qué funcionó desplazar a Uribe en vez de apoyarse en él?
Porque el uribismo era simultáneamente su mayor activo y su mayor límite. Abelardo necesitaba la base electoral de la derecha pero no podía aparecer como el candidato de un expresidente que en 2026 ya era percibido por muchos como parte del establecimiento que la gente rechazaba. La estrategia partió de primero presentarse como el más uribista de los uribistas para capturar las bases, luego su círculo pintó a Paloma Valencia y su alianza con Uribe como ‘los de siempre’, y finalmente atacó al expresidente cuando ya tenía de su lado suficiente base propia. En términos de estrategia política, es una aplicación clásica del principio de diferenciación gradual, primero te acercas lo suficiente para absorber el territorio del otro, luego te alejas para construir identidad propia. Lo ejecutó con tal disciplina que el candidato nunca manchó sus manos directamente — la guerra sucia la asumieron sus influencers y su estratega.
9. ¿Qué le enseña esta campaña a la comunicación política moderna?
Varias cosas. Primera: el entretenimiento es política. Abelardo convirtió sus eventos en espectáculos sensoriales — luz, pirotecnia, música, IA en pantallas gigantes, una cabina de vidrio dramática — mientras Cepeda leía discursos desde un atril. En ciudades intermedias donde la gente no ha ido a un concierto, esa experiencia fue irresistible. Segunda: la coherencia de la marca importa más que la consistencia del programa. Abelardo mantuvo siempre los mismos símbolos — el tigre, el saludo militar, la camiseta de la Selección, la familia — mientras sus propuestas de política pública podían ser vagas. Tercera: el adversario que defines es más importante que el que enfrentas. Abelardo definió a Petro como su verdadero enemigo desde el principio, mucho antes de que Petro tuviera candidato, y eso le permitió absorber el antipetrismo de todo el bloque de derecha sin deberle nada a nadie.
10. ¿El triunfo de Abelardo fue su campaña o la derrota de Cepeda?
Las dos cosas, pero en proporciones que no son iguales. Abelardo ganó porque tuvo una campaña brillante en términos de marketing político moderno. Cepeda perdió porque cometió errores estratégicos graves al subestimar las redes, no hablar para las clases medias, eligir su fórmula vicepresidencial sin mediciones, creer que iba a ganar en primera vuelta y relajar a sus propios votantes, y nunca marcar distancia pública de un gobierno que lo perjudicaba. Pero la victoria de Abelardo fue también estrecha — 0,96 puntos, menos de 251.000 votos — lo que significa que ni la campaña perfecta fue suficiente para ganar cómodamente. La mitad del país votó por Cepeda. Abelardo llega a la presidencia sin el 50% de los votos, con una oposición fuerte en el Congreso y en las calles, y con el mandato más angosto de la historia reciente. Fue una victoria de marketing, sí. Pero fue apenas una victoria.

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