05 Oct ¡Guarda tu Espada!
Por: Augusto Vásquez Díaz
El 1 de diciembre de 2021, el Consejo Nacional Electoral le dio al Movimiento de
Salvación Nacional, que fundó y dirigió con éxito Álvaro Gómez Hurtado, la
personería jurídica o reconocimiento como partido político, con todos sus
derechos y deberes. Esta decisión, se basó en una sentencia de la Corte
Constitucional que consideró con justicia, que tanto ese movimiento como el
Nuevo Liberalismo de Luis Carlos Galán, sus jefes y candidatos, habían sido
perseguidos y eliminados violentamente, con lo cual se atentó contra la
democracia, porque se le violó al movimiento el derecho a participar en igualdad
de condiciones en una contienda política.
Una vez que el M.S.N. logró ser reconocido como partido político, Enrique Gómez
Martínez, sobrino de Álvaro e hijo de Enrique Gómez Hurtado, comenzó a fungir
como su jefe y representante legal. Como tal, en el año 2022 presentó una lista
única para el Senado, que tuvo un resultado electoral tan exiguo que no se
compadecía con lo que ese movimiento llegó a ser, cuando lo fundó su tío Álvaro
Gómez. Solo obtuvo 29.670 votos, que no le alcanzaron para tener representación
en el Congreso; es decir, empezaba su nueva vida sin representación
parlamentaria.
En el mismo año, 2022, y pese al fracaso en las elecciones para el Congreso,
Gómez Martínez presentó su nombre como candidato a la Presidencia de la
República por el Movimiento de Salvación Nacional. El resultado fue igualmente
mezquino, tanto que uno creería que, definitivamente, a Salvación Nacional ya no
lo salvaba nadie; el candidato Gómez Martínez obtuvo en todo el país solo 48.000
votos.
Para el año 2026, al contumaz político, se le apareció la virgen con figura de tigre y
presentó su nombre como aspirante al Senado de la República. Con el felino
respaldo, la lista que encabezó Gómez obtuvo 138.000 votos y Salvación Nacional
obtuvo, en total, en el país, cerca de 700.000 sufragios. Es indudable que, de esos
700.000 votos, por lo menos 600.000 los obtuvo en COMODATO (préstamo de
uso) de Abelardo de la Espriella. Queda claro, entonces, que Enrique Gómez
Martínez heredó el partido fundado por su tío, pero lejos de haber heredado el
talante, liderazgo y sabiduría de Álvaro Gómez Hurtado.
Este breve relato lo hago porque ahora este ignoto senador, se ha convertido,
como Catón el Viejo en la Antigua Roma, en alguien que se ufana de ser el único
senador impoluto, el más limpio e intachable, que ataca permanentemente al
Centro Democrático, acusándolo de promover un modelo de país estatista y de
perpetuar permanentemente la confrontación política.
Sobre el presidente Uribe ha dicho —y esa sí es la tapa del cóngolo— que es un
socialdemócrata y socialista, una afirmación tan desmesurada que no produjo
indignación y rechazo, sino un “certain sourire” (una cierta sonrisa) por lo
exagerado y desmedido.
Winston Churchill dijo: “La victoria es dulce cuando es propia, pero no se debe
abusar de ella cuando apenas se es un alfil”.
La derecha ganó, pero no nos digamos mentiras: el triunfo fue por un margen tan
estrecho, que no debemos actuar con un cuchillo entre los dientes, dinamitar y
desprestigiar a los dirigentes que defienden una misma causa, es una actitud
políticamente absurda y peligrosa; es lo que se conoce como fuego amigo, que no
es otra cosa que uno pegarse torpemente un tiro en el pie.
Las actuaciones personalistas y erráticas de los dirigentes de la derecha
venezolana, Acción Democrática (AD) y COPEI, condujeron a la desaparición de
esos partidos y al surgimiento de la izquierda diabólica, representada por el
socialismo del siglo XXI de Hugo Chávez. Eso mismo puede pasar en Colombia si
los dirigentes de la derecha no se moderan y temperan.
A Enrique Gómez Martínez hay que pedirle que dispare hacia otro lado, no hacia
sus correligionarios y camaradas, porque, como dijo Cristo (el Bueno) cuando, en
el monte Getsemaní, Pedro sacó la espada para defenderlo: “Guarda tu espada en
la vaina”. ¿No ves cómo estamos, Enrique, ¿y tú cortando orejas?

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