Más que una marcha: el mensaje político del 1° de mayo.

CONTRACORRIENTE

Opinión por: 

Ramón Elejalde Arbeláez

Este primero de mayo tuvo una connotación particular: los sindicatos organizadores invitaron al presidente Gustavo Petro a Medellín, al senador Iván Cepeda a Bogotá y a la lideresa indígena Aida Quilcué a Cali. Fue un despliegue de color, alegría y compromiso, además de un importante golpe de opinión de los trabajadores sindicalizados. Negar que las marchas fueron masivas es, sencillamente, una torpeza de marca mayor.

Intentar minimizar el evento con el argumento de que la gente fue transportada desde barrios y poblados es otra tontería. La multitud no habita en los alrededores de los lugares de concentración y, en todo caso, solo los estratos 4, 5 y 6 pueden movilizarse en vehículos propios, un público que, por lo general, no participa de las marchas del 1° de mayo. Los trabajadores, naturalmente, deben ser trasladados desde las barriadas populares y los municipios cercanos. Sostener que asistieron por un almuerzo o un jugo es, además, un menosprecio al pueblo laborioso. Si desde las 9:30 de la mañana se convoca a una manifestación, es apenas lógico que la dirigencia obrera ofrezca a sus afiliados un almuerzo o un refrigerio al mediodía. Son argumentos carentes de lógica, utilizados con el único propósito de desacreditar lo que fue, a todas luces, una movilización multitudinaria.

Presencié la marcha y la concentración realizadas en Medellín. Fue una de las más numerosas que he visto, y además estuvo marcada por la alegría y el respeto. No hubo hechos de violencia: ni de los participantes hacia los observadores, ni de los observadores hacia los marchantes. Una prueba fehaciente de que es posible participar en este tipo de eventos con serenidad y en paz.

Me llamó poderosamente la atención el clamor de los presentes por la reanudación y concreción de la Paz Urbana. Abundaron las pancartas y consignas de apoyo a los diálogos que se adelantan en Medellín y el Valle de Aburrá con estructuras del crimen organizado. Van quedando cada vez más claras las dos ciudades que conviven dentro de Medellín: de un lado, los sectores económicamente solventes que reclaman bala y cárcel como mecanismos para alcanzar la paz, un método que lleva más de cincuenta años sin resultados tangibles; y del otro, la ciudad que sufre la violencia en carne propia y que reclama la paz a través del diálogo.

Nuestra clase dirigente no ha logrado percibir que este es, precisamente, el punto de inflexión que viene impulsando un cambio ideológico en una ciudad que ha padecido la violencia como pocas, y que hoy anhela la paz. Una ciudad que, además, ha visto cómo los homicidios se han reducido de manera significativa en la región, en buena medida como resultado de las conversaciones con los voceros de esas estructuras. Ojalá sepamos comprender esta lección a tiempo.

Un reconocimiento a la dirigencia sindical y política por la organización, el comportamiento, la alegría y el colorido de las marchas de este primero de mayo.

NOTÍCULA. Compartí con Jaime Henríquez Gallo lista a Congreso y fui su compañero en el Directorio Liberal de Antioquia, ya desaparecido. Su muerte me duele y la lamento. Paz en su tumba y resignación a los suyos.

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