28 Ago RENDÓN NO PONE GOBERNADOR
Opinión
Por: Omar Jiménez
Andrés Julián Rendón llegó a la Gobernación de Antioquia con los votos de Federico Gutiérrez y terminó comportándose como si todos hubieran sido suyos.
Ese es, probablemente, el pecado político que más caro le va a salir en 2027. Fico no fue un espectador en aquella elección, su respaldo fue determinante para que Rendón llegara a La Alpujarra y la fórmula funcionó; Fico ganó Medellín y Rendón ganó Antioquia.
Pero después ocurrió algo bastante común cuando un político se enamora demasiado de su propio poder, el beneficiario empieza a olvidar quién lo ayudó a llegar.
Rendón se agrandó, se volvió soberbio. Y también, para decirlo sin eufemismos, pagó con desprecio la lealtad que recibió. Creyó que el resultado electoral le pertenecía y desde ahí comenzó a administrar la política antioqueña con la suficiencia de quien piensa que el cargo convierte automáticamente al funcionario en jefe político. Y no, no funciona así, ser gobernador no lo convierte a uno en dueño de Antioquia y mucho menos en dueño de los votos.
Ahora pretende dejar sucesor. El problema es que no construyó las condiciones políticas para hacerlo, ahí está la paradoja de este final de gobierno, Rendón tiene un grupo de funcionarios que aspiran a la Gobernación, pero ninguno ha logrado convertirse en el candidato capaz de recoger por sí solo el capital político del gobernador.
Y entre ellos hay que hacer una distinción, Horacio Gallón, es un buen candidato, es un caballero, un señor de la política, conoce el departamento y fue un excelente secretario de Infraestructura. Tiene experiencia, resultados y trayectoria propia. No necesita que lo presenten como un improvisado salido del despacho del gobernador.
Pero Gallón tiene un problema que no creó él, ser el candidato que carga con el apellido político de Rendón, y eso, en una elección a esta Gobernación, puede pesar demasiado.
Porque una cosa es votar por Horacio Gallón y otra muy distinta votar por la continuidad de Andrés Julián Rendón. Gallón tendrá que lograr que los antioqueños separen ambas cosas y no será sencillo.
Los otros nombres del gabinete también están sobre la mesa, Eugenio Prieto, Rodrigo Hernández, Esteban Ramos y Alejandro Arbeláez, entre otros. Todos tienen hojas de vida, experiencia y algún nivel de estructura. Pero ninguno llega hoy con la posición que tiene Braulio Espinosa. Y ahí comienza la verdadera historia de esta elección. Porque mientras Rendón se ocupaba de gobernar creyendo que podía controlar también el futuro político de Antioquia, Braulio Espinosa llevaba más de dos años construyendo el suyo.
Braulio no apareció ayer, lleva tiempo recorriendo el departamento, hablando con dirigentes, concejales, congresistas, empresarios, líderes sociales y ciudadanos. La estructura política de Envigado ha hecho presencia en los 125 municipios de Antioquia y su proyecto tiene una organización territorial que otros apenas están intentando montar.
Eso es lo que hace diferente su candidatura. No está esperando a que alguien lo escoja, está haciendo que los demás tengan que mirarlo. Y hoy, con la información política que existe sobre la mesa, Braulio Espinosa es el favorito y el más probable próximo gobernador de Antioquia.
No porque una encuesta lo haya coronado, todavía no existe una medición seria que permita decir eso como un dato estadístico. Lo es por una razón mucho más sencilla, es quien llega con mayor acumulación política propia.
Tiene el equipo de Envigado, tiene estructura, experiencia administrativa, recorrido territorial, relaciones con sectores de diferentes partidos, y tiene algo que muchos candidatos descubrirán demasiado tarde, tiempo trabajado.
La lista de aspirantes es larga, está Luis Pérez, que nunca ha dejado completamente la política y conoce como pocos las vueltas del poder antioqueño. Está Eugenio Prieto, con una trayectoria política extensa y experiencia administrativa. Está Mauricio Tobón Franco, que ya sabe lo que significa disputar la Gobernación y conserva una plataforma política y mediática propia.
Está Juan Diego Gómez, del Partido Conservador, un dirigente con experiencia y estructura, aunque viene de una quemada muy ampollada al Congreso que no puede ignorarse. También está Esteban Ramos, con la vitrina que le dejó la FLA y el apellido político de su padre.
Está León Fredy Muñoz, por el Pacto Histórico, con arraigo en sectores de izquierda al igual que Luz María Múnera Medina, también cercana a Petro. Están Rodrigo Hernández y Sebastián Arboleda, que aparecen alrededor de Defensores de la Patria.
Y están otros nombres como el de Liliana Rendón, que seguirán sonando porque, en Antioquia, una candidatura a la Gobernación también sirve para medir cuánto pesa uno antes de sentarse a negociar. Pero hay que dejar de hacer política con el sonajero, no todos los que aparecen en una lista están realmente compitiendo por ganar. Algunos necesitan crecer, otros necesitan estructura, otros necesitan partido y algunos necesitan simplemente llegar a la mesa de negociación con algo que ofrecer. Eso también hace parte del juego.
Paola Holguín, por ejemplo, no está en esta carrera, es ministra de Cultura del Gobierno de Abelardo de la Espriella. Su llegada al gabinete nacional la sacó, por ahora, de la disputa departamental.
Felipe Lemos tampoco estará en la contienda, su camino es el Consejo Nacional Electoral. Carlos Andrés Trujillo tiene puesta la mirada en no perder Itagüí. Esteban Ramos tampoco parece encaminado hacia la Gobernación, le llama más la atención la alcaldía de Medellín. Y eso reduce considerablemente el número de candidatos que realmente pueden disputar el poder. Por eso el panorama termina siendo mucho más interesante de lo que parece.
Rendón tiene gobierno, pero no tiene sucesión, Braulio tiene candidatura, pero no necesita gobierno y entre ambas cosas hay una diferencia enorme. El gobernador creyó que podía administrar el presente y organizar el futuro desde el despacho. Braulio decidió construir el futuro desde el territorio.
Uno tiene el cargo. El otro tiene una campaña que lleva más de dos años madurando. Y aquí aparece la parte que seguramente más incomoda al actual gobernador, su principal dificultad para dejar sucesor no está en los demás candidatos, está en él mismo. La soberbia aleja, el malagradecimiento rompe relaciones, la altanería deja enemigos, y cuando un político acumula suficiente gente inconforme alrededor, llega un momento en que todos descubren que ya no necesitan enfrentarlo directamente, basta con dejar que se quede solo.
Eso puede estar pasando. Rendón necesitaba salir de su mandato convertido en jefe de una corriente política capaz de escoger gobernador. En cambio, llega al tramo final con varios exfuncionarios buscando su propio camino y con una candidatura como la de Braulio creciendo por fuera de su órbita. Esto no es una sucesión, es una disputa por el espacio que Rendón creyó que podía controlar. Y aquí aparece la ironía, Braulio no necesita atacar a Rendón para derrotarlo políticamente. Le basta con hacer exactamente lo que viene haciendo; trabajar, organizar, sumar, caminar, escuchar y construir.
Mientras otros esperan que las estructuras nacionales decidan, Braulio ya está hablando con las estructuras locales. Mientras otros calculan qué partido los llevará, él está construyendo una candidatura por firmas que puede obligar a varios partidos a acercarse.
Eso explica por qué hoy Braulio Espinosa es el favorito. Y también explica por qué Rendón puede terminar su gobierno sin conseguir aquello que más le interesa, dejar a alguien sentado en la silla que él ocupa.
No será porque le falten candidatos, será porque le faltó algo que en política resulta mucho más importante que un candidato, construir lealtades sin exigirlas.
Ahora quiere prestar su poder para escoger sucesor y es muy posible que Antioquia no se lo reciba y esa sería una de esas ironías que la política escribe son piedad, el gobernador que llegó gracias a los votos de otros podría terminar su mandato sin conseguir que esos mismos votos, o los que alguna vez estuvieron cerca de él, acompañen a su candidato.
Braulio, mientras tanto, no está esperando herencias, está construyendo una victoria propia, y a hoy, si la elección fuera el próximo domingo, Braulio Espinosa sería el Gobernador de Antioquia sin temor a equivocarme.

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